Una Presidenta puede mejorar la situación de la mujer
Si la situación laboral de las mujeres sigue siendo deficitaria, más lo es todavía en el acceso a las esferas de toma de decisiones en los espacios de poder público.
Por Manuel Gross Osses
Chile sigue manteniendo la tasa más baja de participación laboral femenina de América Latina y de las más bajas en el espacio público, especialmente en cargos de representación popular.
Si es sorprendente el que dos mujeres disputen una candidatura presidencial con altas probabilidades de que una de ellas sea Presidenta a partir del 2006, más sorprende el que esto se produzca en una sociedad cuyos acelerados cambios no incluyen transformaciones significativas en la participación de las mujeres.
Como nos muestran las últimas cifras de ocupación, las mujeres han alcanzado las más altas tasas de participación laboral de su historia, con un 38%. Sin embargo, estos números están por debajo de todos los países latinoamericanos, cuyo promedio es del orden del 45%.
La tendencia a la mayor participación laboral que se está dando, especialmente con las mujeres más jóvenes y más educadas, no sólo provocará importantes efectos económicos en los hogares, sino que probablemente podrá ayudar a relaciones intrafamiliares más equilibradas, alterando el modelo femenino dependiente, horizontalizando las relaciones de poder que se dan en las parejas y revalorizando las funciones domésticas, esta vez obligadamente compartidas por hombres y mujeres.
Pero si la situación laboral de las mujeres sigue siendo deficitaria, más lo es todavía en el acceso a las esferas de toma de decisiones en los espacios de poder público, hecho que contrasta con el cambio cultural que se ha producido en el electorado, disponible a votar por mujeres con tanto o más entusiasmo que por varones, como lo revelan resultados en las últimas elecciones parlamentarias, en las recientes elecciones municipales y las encuestas de opinión que consultan intención de voto para las próximas presidenciales.
Considerando las veloces transformaciones ocurridas en otras esferas de nuestra sociedad, la mayor escolaridad femenina y los cambios culturales asociados a una mayor aceptación de la transversalidad de roles entre hombres y mujeres, el rezago de participación de las mujeres en el poder sólo puede ser explicado por la resistencia del propio sistema político a su inclusión, cuestión que habrá de exigir una mayor intencionalidad que permita acelerar el proceso y ponerlo a la altura de los cambios modernizadores de la sociedad chilena.
Y para ello, una mujer Presidenta puede ser el elemento dinamizador.
(Extracto de una investigación en curso en la Fundación Chile 21 sobre Participación Laboral y Política de las Mujeres en Chile)